PISA 2025: Chile frente a su propia historia

Chile lidera parte de PISA 2025 en América Latina, pero retrocede en lectura y matemática frente a 2015, 2018 y 2022. ¿Qué muestran los datos?

Los resultados de PISA 2025 permiten contar dos historias sobre Chile. Las dos son verdaderas, pero conducen a conclusiones muy diferentes. La primera dice que Chile conserva una posición destacada en América Latina. Obtuvo el mayor puntaje regional en lectura y encabeza, junto con Uruguay, los resultados de matemática y ciencias. También alcanzó el puntaje latinoamericano más alto en la nueva escala de resolución computacional de problemas. La segunda historia aparece cuando Chile deja de compararse con sus vecinos y se compara consigo mismo. En lectura y matemática, los resultados de 2025 son significativamente inferiores a los de 2022. También están por debajo de los obtenidos en 2015 y 2018. En una década, el país retrocedió alrededor de 21 puntos en lectura y 19 en matemática, según la tendencia estimada por la OCDE. Celebrar únicamente la primera historia produciría una lectura cómoda, pero incompleta. PISA no muestra a un país que avance más rápido que la región. Muestra a un país que mantiene una ventaja relativa mientras pierde aprendizajes fundamentales. Qué lugar ocupa Chile en América Latina PISA 2025 evaluó a más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías. En Chile participaron 6.574 estudiantes de 222 establecimientos, representativos de unas 248.200 personas de esa edad. Los resultados nacionales fueron 442 puntos en ciencias, 436 en lectura y 403 en matemática. En las tres áreas Chile quedó bajo el promedio de la OCDE, que alcanzó 482, 461 y 463 puntos, respectivamente. La comparación latinoamericana es más favorable. Chile obtuvo el primer lugar regional en lectura, con 435,7 puntos. Superó a Uruguay por 12,4 puntos, una diferencia estadísticamente significativa. En matemática, Uruguay alcanzó 404,9 puntos y Chile 402,6. En ciencias, Uruguay obtuvo 444,5 y Chile 442,4. Las diferencias entre ambos países son de apenas 2,2 puntos y no resultan estadísticamente significativas. Por eso, la formulación correcta no es que Uruguay derrotó a Chile en esas áreas ni que Chile lideró en solitario. Ambos sistemas encabezan la región con resultados estadísticamente similares. Este desempeño comparado importa. Permite reconocer capacidades instaladas y políticas que han sostenido una posición regional relativamente favorable. Pero el ranking responde a una sola pregunta: cómo se ubica un país frente a otros en un momento determinado. No responde si está aprendiendo más que antes ni si una proporción suficiente de sus estudiantes domina las competencias básicas. Chile perdió terreno durante la última década Entre 2022 y 2025, Chile cayó 12 puntos en lectura y 9 en matemática. Ambas disminuciones son estadísticamente significativas. En ciencias, la variación fue de un punto y no representa un cambio significativo. La baja global ayuda a entender el contexto. En el mismo periodo, el promedio OCDE descendió 14 puntos en lectura y 9 en matemática. Muchos sistemas siguen lidiando con interrupciones educativas, ausentismo, cambios en los hábitos de lectura, problemas de bienestar y dificultades para recuperar aprendizajes después de la pandemia. Sin embargo, atribuir el resultado chileno a una caída internacional sería insuficiente. La trayectoria de largo plazo muestra que el deterioro venía de antes. La estimación de tendencia para 2015–2025 indica una pérdida aproximada de 21 puntos en lectura y 19 en matemática. Los resultados de 2025 también son significativamente inferiores a los de 2018 en ambas áreas. La pandemia agravó dificultades existentes; no las creó desde cero. Esta distinción cambia la discusión. Si el problema fuera exclusivamente una pérdida excepcional producida entre 2020 y 2022, bastaría con una estrategia acotada de recuperación. Si el país acumula una década de deterioro, necesita revisar cómo enseña, acompaña y evalúa los aprendizajes fundamentales. También conviene evitar equivalencias mecánicas entre puntos PISA y años de escolaridad. La OCDE ofrece referencias aproximadas, pero advierte que la relación varía entre países. La conclusión relevante no depende de convertir los puntos en meses o años: Chile presenta una baja persistente y estadísticamente comprobable en dos competencias esenciales. El promedio esconde una base demasiado frágil Los puntajes nacionales son solo una parte del diagnóstico. Los niveles de desempeño muestran cuántos estudiantes alcanzan las competencias mínimas que les permiten usar conocimientos en situaciones habituales. En Chile, 38% quedó bajo el Nivel 2 en lectura, 59% en matemática y 37% en ciencias. En otras palabras, casi seis de cada diez estudiantes no alcanzan la competencia matemática básica. Además, 28,8% se ubica bajo el nivel mínimo simultáneamente en las tres áreas. En el extremo superior ocurre lo contrario: solo 2,6% logra alto desempeño en al menos una de las tres competencias, frente a 11,9% en la OCDE. Chile enfrenta, por tanto, un doble problema. Una parte amplia del alumnado no consolida la base y muy pocos alcanzan niveles avanzados. La comparación histórica vuelve a ser incómoda. Frente a 2015, la proporción bajo el Nivel 2 aumentó diez puntos porcentuales tanto en lectura como en matemática. Aunque otros países hayan caído, hoy Chile tiene más estudiantes sin las herramientas mínimas que tenía hace una década. El liderazgo latinoamericano tampoco resuelve esta debilidad. Uruguay, el otro sistema que encabeza la región, tiene 57,9% bajo el nivel básico en matemática. La posición relativa de Chile y Uruguay revela tanto su ventaja regional como la profundidad de la crisis matemática de América Latina. Hay señales que conviene proteger Una lectura seria tampoco debería transformar PISA en una declaración de fracaso total. Hay señales que conviene proteger y estudiar. Ciencias se mantuvo estable entre 2022 y 2025. En la comparación de largo plazo, la variación estimada desde 2015 tampoco es significativa. Entre los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos, el desempeño científico mejoró durante la década mientras el grupo aventajado permaneció estable. Esto redujo la brecha por una vía más favorable que la observada en el promedio OCDE, donde algunas diferencias se achicaron porque cayeron quienes obtenían mejores resultados. Chile también muestra niveles altos de apoyo docente percibido. El 86% de los estudiantes señala que su profesor se interesa por el aprendizaje de cada integrante del curso, y el 80% dice que continúa explicando hasta que comprendan. Tres de cada cuatro se consideran curiosos y una proporción similar declara realizar esfuerzos adicionales frente a tareas difíciles. Estas disposiciones no se traducen automáticamente en dominio académico. Solo 36% planifica frecuentemente cómo estudiará. Además, 43% reporta ruido y desorden en la mayoría o todas las clases de ciencias. El país parece contar con motivación y compromiso docente, pero tiene dificultades para convertirlos en condiciones sostenidas de aprendizaje. Qué debería cambiar en la conversación nacional El primer cambio consiste en abandonar la satisfacción que produce el ranking regional. Compararse con América Latina es útil para identificar tendencias compartidas, pero no puede reemplazar la comparación con las propias metas ni con la trayectoria nacional. El segundo es tratar lectura y matemática como responsabilidades transversales. La lectura no pertenece únicamente a la asignatura de Lenguaje. Comprender instrucciones, evaluar evidencia y construir una explicación también forma parte de ciencias, historia, tecnología y educación ciudadana. Algo similar ocurre con el razonamiento cuantitativo: debe aparecer en problemas auténticos y no limitarse a repetir procedimientos. El tercer cambio es conectar evaluación con intervención. Aplicar más diagnósticos sirve poco si sus resultados no activan apoyos concretos: tutorías, tiempo pedagógico adicional, acompañamiento a docentes, recursos didácticos, trabajo con familias y seguimiento de quienes acumulan rezagos. También hace falta mirar el aula. La percepción de apoyo docente es positiva, pero convive con altos niveles de ruido, desorden y distracción digital. No corresponde responsabilizar al profesorado por sí solo. La gestión de aula depende de formación, liderazgo, convivencia, tamaño de los cursos, recursos y coherencia institucional. Finalmente, la tecnología no debería convertirse en la explicación fácil. PISA encuentra asociaciones entre ciertos usos digitales y el desempeño, pero no demuestra que los celulares o la inteligencia artificial causen por sí solos la caída. Prohibir dispositivos puede formar parte de una política, aunque no sustituye el diseño pedagógico ni enseña a leer, argumentar o resolver problemas. La educación superior recibirá esta trayectoria Quienes rindieron PISA en 2025 comenzarán a ingresar progresivamente a la educación superior alrededor de 2028. Universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica no pueden interpretar estos resultados como un asunto ajeno o exclusivamente escolar. Las instituciones necesitarán diagnósticos tempranos de lectura académica y razonamiento cuantitativo, pero sin convertirlos en nuevos filtros de exclusión. La nivelación funciona mejor cuando se integra a las asignaturas iniciales, entrega créditos, acompaña durante el semestre y permite identificar a tiempo quién necesita apoyo adicional. Las facultades de educación también tienen una responsabilidad directa. La formación inicial y continua de docentes debe fortalecer la enseñanza de lectura en todas las disciplinas, la didáctica de la matemática, la gestión de aula, la autorregulación y el uso crítico de tecnologías. La evidencia de PISA puede orientar estas decisiones, aunque no indique por sí sola qué intervención causará mejores resultados. Un liderazgo que debería incomodar Chile puede reconocer que conserva una posición regional favorable. Negarlo sería tan incorrecto como convertirla en una celebración. El país lidera en lectura y comparte la primera posición latinoamericana en ciencias y matemática, pero lo hace con resultados inferiores a los de su propia historia reciente y con una proporción demasiado alta de estudiantes bajo el nivel básico. La baja global explica una parte del escenario. No reduce sus consecuencias. Cada punto perdido representa una señal agregada de mayores dificultades para comprender textos, razonar con números y continuar aprendiendo en contextos cada vez más exigentes. La pregunta que deja PISA 2025 no es si Chile está mejor que sus vecinos. Es si puede aceptar como éxito estar mejor posicionado dentro de una región que todavía no garantiza aprendizajes fundamentales para una parte considerable de sus estudiantes. Si te interesa seguir analizando evidencia, experiencias y decisiones que pueden mejorar la educación, regístrate gratis en InnovacionAcademica.org y participa en una comunidad que busca transformar los datos en aprendizaje institucional. Fuentes consultadas OCDE, PISA 2025 Results, Volume I: Future-Ready Students . OCDE, nota país de Chile . Agencia de Calidad de la Educación, resultados PISA 2025 de Chile .

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