Primera generación y permanencia en educación superior

Origen escolar, bienestar y primera generación muestran que la permanencia en educación superior exige acompañamiento institucional oportuno.

La educación superior chilena suele celebrar el acceso como una frontera conquistada. Y con razón: que más personas lleguen a universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica es una transformación social profunda. Pero hay una pregunta menos cómoda que aparece después de la matrícula: ¿quiénes logran permanecer, avanzar y sentirse parte de ese nuevo mundo? Esa pregunta es especialmente importante para estudiantes que son primera generación en educación superior o que provienen de trayectorias escolares con menos capital informacional disponible. No porque lleguen con menos mérito ni porque deban ser mirados desde el déficit. Al contrario: porque muchas veces cargan con una doble exigencia. Deben aprender una disciplina, aprobar asignaturas y sostener su vida cotidiana, mientras descifran códigos institucionales que otros estudiantes conocen antes de entrar. La primera generación no siempre se ve en las estadísticas públicas con la nitidez que merece. A veces aparece indirectamente en el origen escolar, en los datos de retención, en las encuestas de caracterización, en las brechas de bienestar o en los relatos de estudiantes que dicen no saber a quién preguntar. Por eso conviene hacer visible lo que el promedio suele esconder: la permanencia no depende solo del esfuerzo individual, sino también de cuánto entiende la institución a quienes recibe. El origen escolar no explica todo, pero sí advierte algo importante El Informe de Retención de 1er año de Pregrado 2025 del SIES muestra que la cohorte 2024 alcanzó una retención total de primer año de 77,3% . Es una cifra útil para mirar el sistema, pero se vuelve más reveladora cuando se desagrega. Según el mismo informe, la retención varía de manera relevante según la dependencia del establecimiento de enseñanza media de origen. Para la cohorte 2024, la retención fue de 85,2% entre estudiantes provenientes de establecimientos particulares pagados, 79,1% desde particulares subvencionados, 75,4% desde establecimientos municipales y 74,6% desde Servicios Locales de Educación Pública. La categoría sin información llegó a 68,1% . Estos datos deben leerse con cuidado. No autorizan una explicación simplista del tipo “un establecimiento causa la permanencia o la deserción”. Sería metodológicamente débil y socialmente injusto. La retención se relaciona con múltiples dimensiones: carrera, jornada, financiamiento, modalidad, salud mental, trabajo, cuidados, expectativas familiares, apoyo institucional, integración académica y condiciones materiales. Pero negar la señal también sería un error. Las diferencias por origen escolar muestran que la transición a la educación superior no ocurre en igualdad de condiciones. Hay estudiantes que ingresan con mayor familiaridad con los códigos académicos, con redes familiares que ya conocen trámites, beneficios, lenguaje institucional y expectativas de carrera. Otros llegan con la misma capacidad de aprender, pero con menos información heredada sobre cómo moverse en el sistema. La diferencia no está solo en “saber estudiar”. Muchas veces está en saber cuándo pedir ayuda, entender qué significa reprobar una asignatura, distinguir una alerta académica de una sanción irreversible, conocer canales de bienestar, interpretar reglamentos, organizar carga horaria, conversar con docentes o identificar apoyos antes de que el problema escale. Ser primera generación es entrar a una institución y a una cultura En la educación superior técnico-profesional, la Ficha de Caracterización Única ofrece una ventana especialmente valiosa. El Informe FCU 2025 reporta que la mayoría de quienes respondieron son primera generación en ingresar a educación superior: 73,6% respecto de madre o figura materna y 69,4% respecto de padre o figura paterna. Ese dato no debería tratarse como una curiosidad demográfica. Para una institución de educación superior, implica una responsabilidad de diseño. Cuando una persona es primera generación, probablemente no cuenta en su hogar con experiencias previas para anticipar cómo funcionan los ramos, las prácticas, los créditos, la progresión curricular, los beneficios estudiantiles, la relación con docentes o las consecuencias de suspender estudios. La familia puede entregar apoyo afectivo, motivación y esfuerzo, pero no necesariamente conocimiento práctico sobre el sistema. Eso produce una forma de desigualdad silenciosa: la desigualdad de orientación. No siempre aparece como falta de recursos económicos ni como bajo rendimiento inicial. A veces aparece como trámites realizados tarde, desconocimiento de apoyos, miedo a preguntar, interpretación equivocada de una dificultad académica, soledad institucional o abandono antes de recibir una respuesta útil. En otras palabras, la primera generación no es solo una característica familiar. Es una experiencia de traducción cultural. La institución habla un idioma que para algunos estudiantes resulta conocido y para otros debe aprenderse sobre la marcha. Bienestar, trabajo y cuidados: la permanencia también se juega fuera del aula La misma FCU 2025 muestra que muchas trayectorias técnico-profesionales combinan estudio con condiciones de vida exigentes. Más de la mitad de quienes respondieron declaró trabajar al ingresar a la educación superior, y 30,7% señaló trabajar jornada completa. Además, 28,2% declaró tener a su cargo al menos una persona que requiere cuidados y 23,3% vive con hijos o hijas menores de 12 años. El informe también indica que 78% declara un ingreso mensual familiar inferior a $750.000. Estos datos permiten entender por qué la permanencia no puede reducirse a motivación académica. Para muchos estudiantes, avanzar en educación superior significa coordinar horarios, transporte, trabajo, tareas de cuidado, financiamiento, cansancio, conectividad, estudio autónomo y vida familiar. Si la institución diseña sus apoyos suponiendo un estudiante de tiempo completo, sin responsabilidades externas y con alta disponibilidad horaria, probablemente dejará fuera a parte de quienes más necesitan acompañamiento. El bienestar tampoco puede quedar como un servicio reactivo al final del pasillo. El Informe del Consejo Asesor en Salud Mental para la Educación Superior plantea la salud mental y el bienestar como parte de las trayectorias formativas, con atención especial a momentos críticos como ingreso, permanencia, egreso y transición laboral. Sus recomendaciones y orientaciones apuntan a políticas institucionales, seguimiento, inclusión y articulación de apoyos. Eso importa porque la primera generación puede vivir tensiones que no siempre se nombran: culpa por dedicar tiempo a estudiar, presión por obtener resultados rápidos, temor a defraudar a la familia, dificultad para integrarse socialmente, vergüenza de no conocer procedimientos o ansiedad frente a evaluaciones que se sienten como prueba de pertenencia. Nada de eso se resuelve solo con una charla de inducción. Requiere una cultura institucional capaz de detectar, acompañar y normalizar la búsqueda de ayuda. La institución también debe aprender a leer a sus estudiantes El investigador Vincent Tinto ha insistido en que la permanencia no debe entenderse solo como responsabilidad individual. En Completing College: Rethinking Institutional Action , plantea la necesidad de repensar la acción institucional para crear condiciones que favorezcan el logro estudiantil. Esa idea resulta especialmente pertinente cuando hablamos de primera generación: no basta con admitir estudiantes diversos si luego la institución opera como si todos llegaran con las mismas claves de navegación. Una institución que toma en serio esta agenda necesita hacerse preguntas concretas. ¿Sabe cuántos estudiantes de primera generación tiene? ¿Cruza esa información con retención, avance curricular, uso de apoyos, bienestar y horarios? ¿Distingue entre estudiantes diurnos, vespertinos, trabajadores, cuidadores o con largos tiempos de traslado? ¿Evalúa si sus mecanismos de apoyo llegan a tiempo? ¿Pregunta a sus estudiantes qué barreras no están apareciendo en los indicadores tradicionales? También necesita revisar el currículum y la docencia de primer año. Las brechas de permanencia no se resuelven solo con unidades de apoyo externas si las asignaturas críticas siguen operando como filtros informales. La nivelación debe estar conectada con resultados de aprendizaje, evaluación formativa, retroalimentación temprana y acompañamiento académico situado. La pertenencia se construye en los cursos, en la relación con docentes, en la claridad de las reglas y en la respuesta institucional cuando aparece una dificultad. De la inducción ceremonial a la alfabetización institucional Muchas instituciones realizan actividades de bienvenida. Son importantes, pero insuficientes si se quedan en la foto inicial, la presentación de autoridades o el recorrido por el campus. Para estudiantes primera generación, la inducción debería funcionar como alfabetización institucional. Eso significa explicar con claridad cómo se organiza una carrera, qué implica la carga académica, cómo se usan las plataformas, qué hacer ante una reprobación, cuándo conviene pedir apoyo, cómo funcionan los beneficios estudiantiles, qué unidades existen, qué derechos y deberes tiene el estudiante, cómo se solicita una suspensión, qué consecuencias tiene abandonar un ramo y cómo se conversa con una jefatura de carrera. La clave es no esperar que el estudiante pregunte lo que todavía no sabe que debe preguntar. La institución debe anticipar las preguntas invisibles. Una buena alfabetización institucional también evita un error frecuente: entregar demasiada información en pocos días y luego desaparecer. La transición se vive durante todo el primer año. Las dudas cambian después de las primeras evaluaciones, cuando aparecen problemas económicos, cuando se acumula cansancio o cuando la persona se pregunta si eligió bien su trayectoria. Por eso, el acompañamiento debe distribuirse en momentos críticos, no concentrarse solo en marzo. Pertenencia: la dimensión menos administrativa de la permanencia La permanencia también depende de sentirse legítimamente parte de la institución. Para estudiantes primera generación, ese sentido de pertenencia puede ser frágil al inicio. No porque falte capacidad, sino porque el entorno puede enviar señales ambiguas: lenguaje técnico, burocracia compleja, docentes poco disponibles, pares con más información previa, servicios dispersos o apoyos que parecen pensados para “otros”. Construir pertenencia no significa infantilizar al estudiante ni bajar expectativas académicas. Significa crear condiciones para que las altas expectativas sean alcanzables. Tutorías pares, mentorías, comunidades de primer año, docentes preparados para cursos iniciales, información clara, retroalimentación oportuna y espacios de escucha pueden hacer una diferencia cuando están integrados a la gestión académica. La pertenencia tampoco debe confundirse con vida social universitaria tradicional. En CFT e IP, y también en muchas universidades, una parte importante de los estudiantes trabaja, se traslada largas distancias o estudia en jornada vespertina. Para ellos, pertenecer puede significar recibir una respuesta rápida, encontrar servicios disponibles en horarios compatibles, tener materiales accesibles, contar con docentes que entienden el perfil del grupo o saber que la institución no interpreta cada dificultad como desinterés. Una agenda de equidad que no termina en el acceso La expansión de la educación superior abrió oportunidades reales. Pero el acceso, por sí solo, no garantiza equidad. La equidad se prueba cuando la institución acompaña trayectorias distintas sin convertir la diversidad en desventaja. Mirar el origen escolar y la primera generación no debe servir para clasificar estudiantes en riesgo permanente. Debe servir para diseñar mejor. Una institución puede usar esa información para fortalecer nivelación integrada, tutorías tempranas, orientación sobre beneficios, acompañamiento psicoeducativo, coordinación curricular, alertas con respuesta humana, formación docente, horarios pertinentes y evaluación de impacto. La pregunta estratégica no es si los estudiantes primera generación “se adaptan” a la educación superior. La pregunta es si la educación superior está adaptando sus formas de enseñar, acompañar y gestionar para cumplir la promesa que hizo al abrir sus puertas. El desafío es profundo, pero también esperanzador. Cuando una institución logra que un estudiante primera generación permanezca, avance y se titule, no solo mejora un indicador. Cambia una biografía familiar, amplía expectativas para nuevas generaciones y demuestra que la calidad educativa también se mide por la capacidad de convertir acceso en trayectoria. Seguir conversando sobre permanencia, bienestar y equidad es parte de una innovación académica con sentido público. Regístrate gratis en InnovacionAcademica.org y participa en una comunidad interesada en transformar la educación superior con evidencia, criterio y compromiso con las trayectorias reales de sus estudiantes. Fuentes consultadas Servicio de Información de Educación Superior, SIES. Informes de Retención de 1er año en Educación Superior . MiFuturo, Ministerio de Educación de Chile. Servicio de Información de Educación Superior, SIES. Informe de Retención de 1er año de Pregrado 2025 . Ministerio de Educación de Chile. Subsecretaría de Educación Superior. Ficha de Caracterización Única, FCU . Ministerio de Educación de Chile. Subsecretaría de Educación Superior. Informe Ficha de Caracterización Única 2025 . Ministerio de Educación de Chile. Subsecretaría de Educación Superior. Informe Consejo Asesor en Salud Mental para la Educación Superior . Ministerio de Educación de Chile. Subsecretaría de Educación Superior. Recomendaciones y orientaciones del Consejo Asesor en Salud Mental para la Educación Superior . Ministerio de Educación de Chile, 2024. Tinto, Vincent. Completing College: Rethinking Institutional Action . University of Chicago Press, 2012. SEO Palabra clave principal: primera generación en educación superior Palabras clave secundarias: permanencia estudiantil, retención primer año, origen escolar, bienestar estudiantil, educación superior Chile, estudiantes primera generación Título SEO: Primera generación y permanencia en educación superior Meta descripción: Origen escolar, bienestar y primera generación muestran que la permanencia en educación superior exige acompañamiento institucional oportuno. Slug sugerido: primera-generacion-origen-escolar-bienestar-permanencia-educacion-superior Extracto: El origen escolar y ser primera generación no son etiquetas de déficit: son señales para diseñar mejor la permanencia en educación superior. 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