Educación para la sustentabilidad: ODS 6 – Cuando el Agua Escasea, la Educación Se Resiente: Desafíos y Soluciones en la Crisis Hídrica Chilena

La escasez de agua impacta la educación en Chile. Estrategias educativas y legislativas buscan garantizar el derecho a aprender en este contexto crítico.

En Chile, la escasez de agua no es solo una crisis ambiental; es también una crisis educativa. Estudios recientes revelan que un significativo porcentaje de escuelas rurales carece de acceso adecuado a agua potable, lo que afecta directamente la asistencia y el desempeño escolar. La problemática se agrava en un contexto donde el cambio climático intensifica los fenómenos meteorológicos extremos, alterando el derecho fundamental a la educación. Este artículo explora cómo la falta de agua impacta la educación preescolar y media en Chile, y qué estrategias se están implementando para mitigar esta crisis. El problema de la escasez hídrica en las escuelas chilenas es profundo y multifacético. Según un estudio de la Fundación Amulén, el 40.2% de las escuelas rurales no cuenta con abastecimiento formal de agua potable, afectando a más de 27,100 estudiantes. Además, 760 alumnos de escuelas con suministro informal pierden en promedio más de 15 días de clases al año debido a cortes o mala calidad del agua. Estos datos no solo son alarmantes por su impacto directo en la salud y bienestar de los estudiantes, sino también por las implicancias en su derecho a recibir una educación continua y de calidad. Impacto de la Escasez de Agua en la Asistencia y el Desempeño Escolar La falta de acceso a agua potable en las escuelas chilenas tiene consecuencias directas en la asistencia y el rendimiento académico de los estudiantes. En contextos donde el agua es escasa, las escuelas enfrentan dificultades para mantener condiciones higiénicas básicas, lo que puede llevar al cierre temporal de las instalaciones. Esta situación es particularmente crítica en las zonas rurales, donde la infraestructura educativa ya enfrenta múltiples desafíos. La interrupción de clases debido a la falta de agua no solo afecta la continuidad del aprendizaje, sino que también incrementa las tasas de deserción escolar. En un entorno donde la educación es vista como una vía crucial para superar la pobreza, la pérdida de días escolares representa un obstáculo significativo. Además, la calidad del aprendizaje se ve comprometida cuando los estudiantes deben lidiar con condiciones insalubres o con la incertidumbre de no saber si la escuela estará abierta al día siguiente. El impacto de la escasez de agua también se refleja en el desempeño académico. La falta de saneamiento adecuado puede derivar en problemas de salud que afectan la concentración y el rendimiento de los estudiantes. En un estudio global de UNICEF y UNESCO, se destaca que una de cada tres escuelas en el mundo carece de acceso a agua potable, lo que afecta a 584 millones de alumnos. Este problema global subraya la necesidad urgente de abordar la crisis hídrica desde una perspectiva educativa. El Marco Normativo y su Rol en la Solución de la Crisis En respuesta a la creciente crisis hídrica, Chile ha implementado reformas legislativas significativas. La Ley 21.435 de 2022 reformó el Código de Aguas, reconociendo el acceso al agua y saneamiento como un derecho humano esencial. Esta legislación establece que el uso del agua para consumo humano, uso doméstico de subsistencia y saneamiento siempre prevalecerá sobre otros usos, un cambio normativo crucial para priorizar el acceso al agua en las comunidades más vulnerables. Sin embargo, la implementación efectiva de esta ley enfrenta desafíos significativos. La falta de infraestructura adecuada y la dispersión geográfica de las comunidades rurales complican el acceso equitativo al agua. Además, la gestión del agua en Chile ha sido históricamente compleja, con una estructura de derechos de agua que a menudo favorece a los sectores industriales sobre el uso comunitario. Para que la legislación tenga un impacto real, es esencial que las políticas públicas se complementen con inversiones en infraestructura y educación. Esto no solo implica mejorar la red de distribución de agua, sino también garantizar que las escuelas cuenten con las instalaciones necesarias para almacenar y tratar el agua de manera segura. Solo a través de un enfoque integrado se podrá asegurar que el derecho al agua, y por ende a la educación, se garantice de manera efectiva. Iniciativas Educativas y Comunitarias como Respuesta a la Crisis Frente a esta problemática, diversas organizaciones han implementado programas para mitigar el impacto de la escasez de agua en la educación. El programa "Agua en Curso", desarrollado por Aguas Andinas y Kyklos, ha llegado a 102 establecimientos y 4,436 estudiantes desde 2019, promoviendo el uso responsable del agua. Este tipo de iniciativas no solo educan a los estudiantes sobre la importancia de conservar el agua, sino que también involucran a las comunidades en la gestión sostenible de este recurso. Otro ejemplo es el programa "Agua para Aprender" de la Fundación Amulén, que ofrece soluciones permanentes de acceso a agua potable en escuelas rurales de las regiones de Los Lagos y La Araucanía. Este programa busca no solo garantizar el suministro de agua, sino también empoderar a las comunidades escolares para gestionar sus recursos hídricos de manera autónoma. Estos proyectos demuestran que, aunque la crisis es profunda, existen vías para abordarla de manera efectiva mediante la colaboración comunitaria y el apoyo institucional. Sin embargo, la efectividad de estos programas depende en gran medida de su escalabilidad y sostenibilidad a largo plazo. Es crucial que las iniciativas sean apoyadas por políticas públicas sólidas y financiamiento adecuado para asegurar que los beneficios se mantengan en el tiempo. Además, la educación ambiental debe ser integrada en el currículo escolar para fomentar una cultura de sostenibilidad desde edades tempranas. El Rol de la Educación Ambiental en la Conciencia Hídrica La educación ambiental juega un papel crucial en la preparación de las nuevas generaciones para enfrentar la crisis hídrica. Sin embargo, en Chile, solo el 0.5% del presupuesto nacional destinado a la niñez y adolescencia se invierte en educación ambiental, según un informe de UNICEF de 2025. Esta baja inversión limita la capacidad de las escuelas para implementar programas educativos que aborden la crisis climática y la gestión del agua de manera integral. Integrar la educación ambiental en el currículo escolar es esencial para desarrollar una conciencia hídrica en los estudiantes. Esto no solo implica enseñar sobre la conservación del agua, sino también sobre cómo los patrones de consumo y las prácticas cotidianas impactan en la disponibilidad de recursos hídricos. Programas como "Agua en Curso" destacan la importancia de educar a los jóvenes sobre su papel en la gestión sostenible del agua, promoviendo un cambio cultural necesario para enfrentar la crisis hídrica. Para que la educación ambiental sea efectiva, es necesario que los docentes reciban formación adecuada y que las escuelas cuenten con los recursos necesarios para implementar programas innovadores. La colaboración entre el sector educativo, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado puede ser clave para desarrollar iniciativas que sean tanto educativas como transformadoras. Conclusión: Hacia un Futuro Educativo Resiliente La crisis hídrica en Chile representa un desafío significativo para el sistema educativo, pero también una oportunidad para repensar cómo se garantiza el derecho a la educación en contextos de escasez de recursos. La implementación de políticas integradas que prioricen el acceso al agua y la educación ambiental es esencial para asegurar que todos los estudiantes, independientemente de su ubicación geográfica, tengan acceso a una educación de calidad. La colaboración entre el Estado, las comunidades educativas y el sector privado es fundamental para desarrollar soluciones sostenibles y efectivas. Solo a través de un enfoque colaborativo y estratégico se podrá enfrentar la crisis hídrica de manera que se protejan los derechos fundamentales de los estudiantes y se fomente una cultura de sostenibilidad a largo plazo. En última instancia, garantizar el acceso al agua en las escuelas no solo es una cuestión de infraestructura, sino de justicia social y equidad. Asegurar que cada estudiante pueda aprender en un entorno seguro y saludable es un paso crucial hacia un futuro donde la educación y el desarrollo sostenible vayan de la mano.

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